¿Futuro?

He vuelto triste a mi casa. Mi nieta es la niña más guapa del mundo. Tiene el pelo rubio, como su padre, y como una vez lo tuvo su abuelo aunque ahora las canas pueblen su cabeza. Es alta para tener ocho años, y delgada, como casi todos los niños de ahora. La genética va mejorando la especie, sin duda alguna.

Le he dicho que un día le voy a regalar una comba y me ha sonreído. No sabía lo que era eso. Al explicárselo me ha contado que ha visto una en una película de dibujos animados en 3D. Hemos estado buscando una cuerda por casa para hacerle una, pero no hemos encontrado nada. ¿Para qué van los jóvenes de ahora a necesitar soga en casa?. Son las cosas por las que siento que me estoy haciendo mayor y que todo va demasiado deprisa como para que me de tiempo a adaptarme.

Es una niña muy viva que siempre me está contando cosas. Lleva una especie de pulsera en la muñeca que a mí me deja asombrada. Aprieta un botoncito y es capaz de proyectar una pequeña pantalla donde ella quiera. Y desde ahí maneja su mundo: habla con su madre, chatea con las amigas, navega por internet, y hasta cambia el canal de lo que antes llamábamos televisión.

Yo la miro perpleja, escuchándola muy atenta. Me cuenta mil historias de fantasía, de sus compañeros de clase con los que no para de platicar a través de mensajes, de las cosas que ha enseñado hacer a tu autómata… y casi todo me lo enseña a través de esa pantalla que se puede ver en cualquier parte.

Por supuesto yo he seguido en mis trece y le he preguntado cuándo es su cumpleaños para regalarle una comba como dios manda, si es que soy capaz de encontrar una.

  • No lo se abuelita, pero no te preocupes, la pulsera me avisa cuando falte una semana.

He vuelto triste a mi casa.

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