Pedagogía antipedagógica (I). O cómo El País vende tecnología.

images    Ojeo la versión digital del periódico El País la mañana del 23 de febrero y mis ojos se detienen ante un titular de la sección de Tecnología: “Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase” (enlace al final de texto). En un primer momento, me asusto pero mi sentido común me dice que esto, sin duda, es un título “trampa” así que decido leerlo; es entonces cuando descubro que va en serio. El artículo está escrito por Susana Pérez de Pablos y a medida que avanzo por el texto se me va poniendo cara de tonta. No entiendo nada. Todo el artículo me parece un despropósito. La autora dice, por ejemplo, que “el aprendizaje se ha vuelto ubicuo y la clase ha perdido su protagonismo“. ¿Desde cuándo se ha vuelto ubicuo?, ¿desde que se inventaron los ordenadores, el teléfono, la tablet,..? Porque yo pensaba que el aprendizaje era precisamente la seña de identidad de la especie humana, una constante desde el nacimiento hasta la muerte, pero se ve que no. Susana apunta a que “antes” solo aprendíamos dentro del aula, a la puerta entregábamos el cerebro -y eso en comunidades con escuelas, en sitios sin escuela las personas no aprendían nada: nada de hablar, cazar, recolectar, guarecerse del frío,…-.

Cuando desarrolla las siete razones, el texto me parece aún más incomprensible. En la primera me quedo:

-“El alumno lleva toda la información encima. La mueve, la intercambia, la comparte en red, fuera y dentro de  clase.” Me parece muy interesante la forma en la que está escrito el texto porque, al enumerar tantas acciones, el lector saca la impresión de que el alumno tiene un papel muy activo en el proceso; sin embargo, si visualizamos a un niño haciendo todo lo anterior, lo que tendremos será a un niño sentado en una silla, pasando un dedo por la pantalla de un teléfono. De hecho, eso es lo que se ve en la foto del artículo, un niño arrastrando el dedo desde la derecha de una superficie lisa (también llamada “pizarra digital”) hacia la izquierda. Nada más. Pasividad total. Y sigue: “De esta forma, aprende de forma intuitiva, incluso sin ser consciente de ello. El móvil es clave para los estudiantes“, continúa la autora.  Cuando a una niña le dan la paga, está aprendiendo cálculo, nociones de economía, autocontrol,… sin ser consciente de ello. Cuando el abusón del colegio me pegó aprendí el concepto de injusticia, de autoprotección,.. sin ser consciente de ello. Cuando cruzas una calle sin mirar y un coche te pita aprendes sin ser consciente,…. Cuando haces sigues una receta de cocina, aprendes sin ser consciente de ello ¿qué aporta el teléfono móvil al proceso de enseñanza-aprendizaje? NADA.

En España hay clases de Educación Infantil con hasta 27 alumnos. ¿Lo que necesitan esos niños realmente es un teléfono móvil? A lo mejor en el XXIX Semana Monográfica de la Educación de la Fundación Santillana algún pedagogo o algún psicólogo de reconocido prestigio proponen sustituir al maestro por un ordenador que le mande información los móviles. A cambio, y  esta es mi propuesta, podríamos poner un guardia jurado en la puerta de la clase para que los niños no se escapen. Es posible que el ordenador no pueda consolarlos cuando tengan un mal momento y lloren, o cuando necesiten ayuda para subirse los pantalones al salir del baño… pero seguro que alguien inventa una app para arreglarlo.

http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2015/02/20/actualidad/1424453286_004100.html

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