La irrealidad de los medios

El estudio de los medios de comunicación –como nuevo espacio público– pasa por una dualidad ontológica del ser y la apariencia y que –a lo largo de este ensayo– siempre estará presente.

La comunicación es el lugar en el que se construye lo común, pero entendido con un valor de realidad escaso y que resulta de un dispositivo de construcción social.

Tal y como Daniel Innerarity menciona en el capítulo 3 del libro El Nuevo Espacio Público–en los apartados de un mundo de segunda mano y de la nostalgia– la realidad construida por los medios de comunicación es una imagen del mundo en base a los rumores, pero no transmitidos por comunicación oral, sino por los medios en un mundo regido por la división del trabajo. Lo que implica que no haya fuentes de primera mano que permitan pensar críticamente sobre los contenidos, sino ser pasivos ante ellos.

Autor de "El Nuevo Espacio Público"

Autor de “El Nuevo Espacio Público”

Es un mundo configurado por una observación de segunda mano: observar lo que otros otorgan valor a los acontecimientos. No informar, solo transmitir lo que otros den valor.

Lo que lleva a pensar en un primer criterio ético de la irrealidad de los medios de comunicación: los medios son transmisores de pasiones y emociones que –a su vez– hacen que el ser humano quede vacío y que no se conozca a sí mismo. También, que no sepa lo que quiera como proyecto de vida –aunque busque siempre hacer el bien– sin saber que es malo. Uno no se puede llevar por lo que a uno le gusta.

Por su parte, el autor señala –en los apartados de un horizonte mitológico y de nuestros lugares comunes– que los medios de comunicación proporcionan la materia de nuestras realidades. Cultura alimentada de temas sin tiempo, es decir, mismos temas y descripción del mundo como si nada nuevo pasara.

Caricatura de Roberto Weil del 2012

Caricatura de Roberto Weil del 2012

Redundancia como objetivo para generar expectativa y estar a la espera de qué vendrá el día de mañana –sabiendo que es más de lo mismo–. Un entretenimiento que necesita de un actor detrás de cada acontecimiento para evitar la complejidad del mundo y reducirla a una dimensión más manejable para todos los espectadores. La personificación simplifica al mundo y son los agenda-setting o newsbias o gatekeepers, quienes se encargan de institucionalizar los temas, de focalizar la atención y de construir el espacio público.

Los medios crean una realidad de referencia, en donde cada quien tiene la libertad de hablar; pero no la libertad de selección de los temas, es decir, no hay libertad de reconocimiento de temas a tratar.

A partir de lo mencionado anteriormente, tenemos un segundo criterio ético y es que los medios propugnan un mero consumismo que no permite que las personas se comprometan. No hay un compromiso con lo que cada quien es. Es una sociedad invisible que –a su vez– es paralela. Simulación de identidades que las personas aprovechan de los medios como forma en que la gente drena una inconformidad social. Una evasión en el que toda la sociedad invisible se ha vuelto en entrenamiento y no en programas de reflexión. Nos debemos a patrones, a que la gente nos gobierne. Una libertad cuestionada, relativizada y manipulada por los medios de comunicación.

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