Ignorancia Ideológicamente Modificada

Vamos a hablar de transgénicos, también conocidos como Organismos Genéticamente Modificados.

El lector podría bien preguntarse, ¿esto no solía ser un blog de ciencias sociales y escepticismo?, ¿qué cabida tiene hablar de biología, ingeniería genética o biotecnología? Lo cierto es que mucha. Para empezar, el análisis de la técnica (del tipo que sea) es permeable al análisis filosófico y social. Por ejemplo, en sus implicancias sobre los sistemas sociales o en las implicancias filosóficas que acarrean tanto su producción como su uso (piensése en los debates éticos que han suscitado la construcción de la bomba atómica o la experimentación en animales humanos y no humanos). Lo mismo vale para el análisis que hagan sociólogos, antropólogos, economistas, epidemiólogos o historiadores de la técnica y su relación con los sistemas sociales. A saber: ¿qué tipo de modificaciones técnicas promueven la desigualdad o estratificación social y cómo pueden prevenirse sin prescindir de dicha técnica?, ¿cuál es el efecto de la adopción de técnicas modernas por parte de sociedades primitivas?, ¿cómo se dio la innovación técnica durante los períodos de guerras mundiales?, ¿qué condiciones o qué estados de los sistemas sociales incentivan o inhiben el desarrollo técnico y de qué tipo de técnica?, ¿deben los Estados invertir en investigación y desarrollo tecnológico o debe ser potestad de las empresas privadas?

Por lo tanto, la adopción o el rechazo de las diversas técnicas es un debate que involucra a los ciudadanos, a los científicos, a los políticos, a las ONG, etcétera. Y es sabido que los debates son fructíferos cuando son racionales. Es decir, cuando son objetivos, ordenados, responsables y con un trasfondo científico que avale o desestime los diferentes argumentos de las partes. Desafortunadamente, este tipo de debate no han caracterizado a la contienda entre pro y anti transgénicos (GM). Veamos algunos ejemplos. Por un lado, Argentina es un país que produce y comercializa transgénicos y en gran cantidad. En 2010 se sembraron casi 23 millones de hectáreas, ocupando la Argentina el tercer lugar entre los países productores de transgénicos, sobre un total de 148 millones de hectáreas en todo el mundo. Y el número ha  ido en aumento.

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Según el informe de ISAAA, Argentina continúa siendo uno de los principales productores de cultivos GM, luego de EEUU y Brasil, con 23,9 millones de hectáreas en 2012, lo que representa el 14% del área global cultivada con transgénicos. En la campaña 2012/2013 se continuó registrando una excelente adopción de maíz GM (estimada en un 90% del maíz total) y algodón GM (casi el 100% del total), con un aumento en ambos casos de la superficie sembrada con eventos acumulados (resistencia a insectos y tolerancia a herbicida). Por su parte, la soja tolerante a glifosato se mantuvo en casi el 100% del total, como en las campañas anteriores. ¿En términos monetarios? Según un estudio del especialista Eduardo Trigo para Argenbio, Consejo fundado por la industria semillera, estos cultivos le otorgaron al país un beneficio bruto de u$s 72.645 millones en 15 años. Junto con un aumento prolongado en la producción y el rendimiento (tanto para pequeños como para grandes productores y para el Estado). En resumen: la importancia de los transgénicos para Argentina es un tema que no debe ser tomado a la ligera.

En efecto, y como se adelanto antes, el tema o bien fue tomado a la ligera o bien fue ideologizado, cuando no brillaba por su ausencia la racionalidad. Una muestra: Jorge Altamira, del Partido Obrero.

La alternativa socialista, el MST, tampoco es muy prometedora. Algunos añoramos la época de la izquierda cientifista. Otro caso en la arena política nacional es el diputado Darío Duretti (FpV-PJ). Que propuso etiquetar a los alimentos genéticamente modificados o aquellos que hayan sido expuestos al glifosato. Como si los mismos presentarán algún tipo de riesgo. No obstante, Argentina lastimosamente no es la excepción. España, específicamente el partido PODEMOS, también se han manifestado en contra de los OGM. Al igual que nuestros vecinos chilenos. Asimismo, la anticientificidad no es potestad de la izquierda política. Las visiones de libre mercado también predicen rechazo a la ciencia, por ejemplo a los beneficios de la vacunación, el origen antropocéntrico del cambio climático y, por supuesto, los OGM. Esto no debería sorprender, ya que sabemos que la política nos vuelve estúpidos. A contramano de lo que postulan las diversas teorías de elección racional, somos muchas cosas salvo seres racionales.

De cualquiera manera, el debate de fondo aún no ha sido expuesto. ¿Qué tan ciertas son las críticas de los anti transgénicos?, ¿por qué es importante atenderlas, y sobre todo, refutarlas? En principio porque la gobernanza debe ser racional y las medidas basadas en evidencia. No se puede gobernar eficazmente en la obscuridad. No sería aceptable que nuestros gobernantes, por ejemplo, adopten como medida contra la delincuencia una meditación masiva. Ni que rezaran para equilibrar el presupuesto y déficit nacional. Ni que promuevan la homeopatía para combatir una epidemia. De igual manera, el Estado debiera velar por el bienestar de sus ciudadanos previniéndolos de publicidad engañosa. Como productos milagrosos para enfermedades. Otras entidades socio políticas debiesen sostener la misma postura y cumplir su rol para con la sociedad responsablemente. Como es el caso de las ONG, que cumplen un rol importante al aglutinar a la sociedad civil por fuera del aparato Estatal, proveyendo así cierta independencia del poder político de turno (a la vez que un arma para controlarlo). Muchas veces han fallado miserablemente en esta noble y necesaria empresa. ¿La comunidad científica? No se queda atrás. (aquí una actualización a la controversia, que no se encuentra actualizada en la entrada de Wikipedia).

Sólo queda revisar qué dice la ciencia respecto a los transgénicos, para luego crear políticas (en rigor de verdad, construir socio técnicas. Como la legislación o la planificación económica, que son los basamentos de las sociedades modernas) acordes a la ciencia. Si alguien conoce una mejor aproximación a la realidad que el (los) método(s) científico(s), que no dude en informarme inmediatamente.

Para comenzar, es importante entender qué es un transgénico. Ya que este entendimiento es previo a cualquier categoría política, económica, cultural y social que puede ser adosada a la técnica antes mencionada. ¿Cómo podemos estar en contra de algo que no entendemos? En mi opinión, la mayoría de los políticos y activistas anti transgénicos no han hecho su tarea. Y los debates sobre técnicas científicas que comienzan con debates sobre componentes extra científicas, tales como la intención, los intereses ocultos o la desinformación mediática están condenados al fracaso: repito, no se puede criticar la manipulación mediática o los intereses ocultos sin tener en una idea de lo que se critica se corresponda con la realidad. Pelear con hombres de paja es infructuoso para ambos bandos ya que ni los criticados desistirán ni los críticos ganarán ya que no piden cambios realistas. Esto no debe ser entendido como una desestimación de la crítica sino como un llamado a realizar criticas realistas.

Propongo intentar aprender qué es un transgénico en cinco minutos.

Es cierto que la ciencia detrás de los transgénicos no es lo único que debería importar en un debate socio político. Es decir, no alcanza con conocer la ciencia detrás de sofisticadas técnicas para matar personas en cantidades industriales sólo porque difieren con el gobierno. Además, hay que criticar dicho atentado a la humanidad. En el caso de los OGM, también los distintos componentes de los sistemas socio políticos (e.g. ONG, partidos políticos, sociedades civiles, agrupaciones vecinales, gremios, etcétera) deben debatir si, por ejemplo, la técnica de modificación genética es inocua y está libre de riesgos serios para la salud.  Si contribuye a la equidad económica o si potencia la estratificación y la desigualdad. Si segrega a los campesinos poco poderosos y empodera a las grandes multinacionales (lo que a su vez, debilita a los Estados). Nuevamente, debemos recurrir a la ciencia.

Un meta-análisis de 147 estudios que concluye que los OGM reducen el uso de pesticidas en un 37%, incremento la producción en un 22% y las ganancias de los granjeros en un 68%. El aumento de las ganancias y el aumento en la productividad es más alto en los países en desarrollo que en los desarrollados.
Una recopilación de entes independientes y sus declaraciones sobre los OGM (también incluye la consistencia con el cambio climático antropogénico, por lo que si no se desconfía de la institución en una, no debería dudarse en la otra).
La Academia Nacional de Ciencias de EE.UU (órgano científico de primera clase en los Estados Unidos) han encontrado en varios estudios que los alimentos modificados, después de miles de millones de comidas servidas, “no tiene efectos adversos para la salud atribuidos a la ingeniería genética ni se han documentado en la población humana”. También han descubierto que los cultivos genéticamente modificados son más amables con el medio ambiente que los cultivos mejorados fitoquímicamente
y encontró que los cultivos transgénicos plantados hasta la fecha habían reducido el uso de insecticidas y reducido el uso de los herbicidas más peligrosos, el aumento de la frecuencia de la labranza de conservación y no la siembra directa, la reducción de las emisiones de carbono, la reducción de la escorrentía del suelo, y la mejora de la calidad del suelo. El informe dice que, “En general, los GE (OGM) los cultivos han tenido un menor número de efectos adversos sobre el medio ambiente que los cultivos no transgénicos producidos convencionalmente.”
La Asociación Americana para el Avance de la Ciencia dice: “La ciencia es muy clara: el mejoramiento de cultivos por las técnicas moleculares modernas de la biotecnología es seguro.”
El cuerpo del Primer Ministro de médicos en los Estados Unidos han encontrado a los alimentos modificados genéticamente como seguros para comer como cualquier otro alimento.
Europa es extremadamente anti-OGM. Pero incluso allí, la comunidad científica dejó claro que los alimentos modificados genéticamente son seguros. El informe de la Comisión Europea de 2010 sobre los alimentos genéticamente modificados (basado en una investigación independiente no financiado por ninguna empresa biotecnológica) dijo: “La principal conclusión que puede extraerse de los esfuerzos de más de 130 proyectos de investigación, que abarca un período de más de 25 años de investigación , y la participación de más de 500 grupos de investigación independientes, es que la biotecnología, y en particular los organismos modificados genéticamente, no son de por sí más riesgosos que por ejemplo, tecnologías de fitomejoramiento convencional ”
La Sociedad médica superior de Inglaterra, el equivalente británico de la Asociación Médica de Estados Unidos, publicó una revisión de toda la información sobre los alimentos modificados genéticamente que llegaron a la conclusión, “Los alimentos derivados de cultivos transgénicos han sido consumidas por cientos de millones de personas en todo el mundo durante más de 15 años, sin efectos reportados sobre enfermos (o casos legales relacionados con la salud humana), a pesar de que muchos de los consumidores provienen de una de las partes más litigiosas del globo: los EE.UU. ”
Un reporte presentado a la UE de 120 estudios independientes que destacan que no hay pruebas que en 25 años de OMG hayan dañado la salud humana.
Más de 2000 estudios avalan la seguridad de los cultivos transgénicos (aprox. 1000 son estudios independientes). Más de 190 instituciones científicas de renombre mundial avalan seguridad y beneficios de los GMO.

En Argentina, la autorización para la comercialización de un cultivo transgénico está a cargo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (SAGPyA), y se basa en los informes elaborados por sus comisiones asesoras: La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), El Comité Técnico Asesor sobre uso de Organismos Genéticamente Modificados del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), y La Dirección Nacional de Mercados Agroalimentarios. La CONABIA evalúa los posibles riesgos que puede causar la introducción del cultivo transgénico en los agroecosistemas. Esta evaluación ocurre en dos etapas. Durante la primera, la CONABIA determina si el cultivo transgénico puede o no ensayarse en condiciones experimentales en el campo (condiciones de confinamiento). Durante la segunda, que transcurre después de tales ensayos, la CONABIA evalúa la posibilidad de que el cultivo transgénico se siembre en gran escala (no confinado). Como resultado final, autoriza la liberación del cultivo transgénico para su siembra a escala comercial. El Comité Técnico Asesor sobre uso de OGM del SENASA evalúa los riesgos potenciales para la salud animal y humana derivados del consumo, como alimento, del cultivo transgénico o sus subproductos. Estudia la presencia de tóxicos, alérgenos y de posibles modificaciones nutricionales que se podrían haber introducido por la transformación genética. Con un informe favorable de la CONABIA y del Comité Técnico Asesor sobre uso de OGM del SENASA, la Dirección Nacional de Mercados Agroalimentarios determina la conveniencia de la comercialización del material genéticamente modificado de manera de evitar potenciales impactos negativos en las exportaciones argentinas.

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Es importante destacar que no es el cultivo el que recibe la autorización para siembra, consumo o comercialización, sino el evento de transformación genética, o simplemente “evento”. Un evento es una recombinación o inserción particular de ADN ocurrida en una célula vegetal a partir de la cual se originó la planta transgénica. La Comisión Nacional de Bioseguridad Agropecuaria (CONABIA), define evento como “la inserción en el genoma vegetal en forma estable y conjunta, de uno o más genes que forman parte de una construcción definida”.

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Para más información, recomiendo enfáticamente este excelente resumen sobre bio tecnología para periodistas (dicho sea de paso, ¡cuanta falta nos hace!). Incluye un apartado de fuentes y un diccionario básico de bio técnicas.

Es probable que el lector crítico (espero que todos posean está propiedad) también recuerde que en la ciencia también existen los disensos. Y tiene razón. De hecho, aquí podrán encontrar críticas a los estudios en contra de los transgénicos (al menos, de los más citados). Aunque de cualquier manera, lo que importa es la consistencia y no un puñado de estudios aislados.

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¿La ciencia tiene algo interesante para aportar respecto a los impactos socio económicos (i.e. en las económicas en vías de desarrollo en comparación con las industrializadas, en la segregación económica entre campesinos y grandes terratenientes, etcétera). Sí, afortunadamente sí. Aunque también existe mucha desinformación por parte de activistas sociales (aunque más bien son destructores sociales, ya que engañar al público solía ser una tarea reservada a empresas y Estados. No a organizaciones civiles o al periodismo, cuya tarea solía ser defender a la sociedad de estos abusos). Muchas de las críticas económicas llueven sobre Monsanto, la empresa más visible en el área del desarrollo bio tecnológico. Aunque sabemos que esto es falaz, porque criticar a una empresa no equivale a criticar a una técnica. Más aún cuando la potencia de dicha empresa está sobre estimada (aunque, por supuesto, no es inexistente).

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En general, los estudios sobre el impacto de los OGM es favorable tanto en su producción como en su rendimiento (superior comparativamente a sus contrapartidas no modificadas). Este estudio de la Universidad de Reading da cuenta del aumento de productividad y de ingresos para los productores. Aunque reconoce sus falencias metodológicas para proveer una aseveración general (existen diferencias grandes entre los estudios contemplados). El estudio citado anteriormente, también da cuenta de un dato ya ignorando, ya desconocido para los críticos del modelo de negocios de los transgénicos: los más beneficiados son los productores pequeños del Tercer Mundo. Sobre este estudio, uno de mis compañeros del Círculo Escéptico Argentino hizo un análisis que merece la pena compartir (ya que es  un mito bastante difundido en el quehacer científico en general).

Es interesante que los (sustantivos) aumentos de las ganancias de los agricultores sean significativamente mayores en países en vías de desarrollo. Y, aunque parezca extraño, según los autores los estudios financiados por la industria no tienden a inflar los resultados.

Esto último es difícil de creer, pero es confirmado en cierta medida por un estudio publicado en 2011 que concluyó que la fuente de financiación no está relacionada con resultados favorables. Sin embargo, lo que sí está asociado con resultados favorables es la afiliación de los autores con la industria, algo que este metaanálisis en particular no investigó.

De todas formas, aún considerando sólo los estudios sin conflictos de intereses, casi el 80% publicó resultados positivos.

Touché.

Otro estudio, esta vez de la prestigiosa Nature, también confluye en que los OGM impactan positivamente en las economías. Otro análisis, de larga data (1996 – 2007), confirma que los mayores beneficiarios de las técnicas de modificación genética son los granjeros del Tercer Mundo. En otro estudio, se concluye que los OGM han contribuido positivamente a distintos aspectos socio económicos (como ser la mitigación del cambio climático, que es equivalente a remover 4 millones de autos de las rutas). En relación a la desigualdad que provocaría el uso de OGM por parte de los pequeños productores, en este estudio realizado en India se concluye que, comparando usuarios de no-usuarios de transgénicos, los productores que utilizaron esta tecnología lograron reducir su desigualdad (medida con el índice de Gini). De hecho, actualmente el Ministro de Agricultura de la India sostiene que los OGM son un posible camino a seguir para lograr la seguridad alimentaria en su país.. Según este estudio, poco más de la mitad de los beneficios de la producción de OGM en la agricultura fue a parar a los bolsillos de granjeros de los países en vías de desarrollo. Tampoco es totalmente cierto que los OGM fomentan el monocultivo. Por último, la consultora PG Economics Limited dio a conocer el informe anual sobre los impactos socio-económicos y ambientales de los cultivos GM en el mundo durante 1996-2012. Este demostró que la biotecnología agrícola sigue proporcionando importantes beneficios medioambientales y permite a los agricultores cultivar más, utilizando menos recursos. La mayoría de estos beneficios se encuentran en países en desarrollo. Según Graham Brookes, director del PG Economics y co-autor del trabajo, “en años 17 de adopción generalizada, los cultivos GM permitieron prácticas agrícolas más amigables con el medio ambiente al tiempo que proporcionaron una clara mejora de la productividad  y los ingresos”. Además agregó, “la mitad de las ganancias de los ingresos agrícolas, la mayoría de los beneficios ambientales asociados con los cambios en el uso de pesticidas y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero se produjeron en los países en desarrollo”.

¿En resumen? El tema transgénicos no es un tema ideológico, sino primariamente científico. La ideología debe seguir a la ciencia y no la inversa. Tanto activistas sociales como partidos políticos deben tomar conciencia que el rechazo a los OGM es, básicamente, irracional y no es compatible con los nobles intereses que los guían a hacer estás críticas en primar lugar: un honesto descontento con el hambre, la desigualdad, la enfermedad y la inseguridad que azotan al mundo. En esto, no podría estar más de acuerdo con ellos. Pero tal estado de cosas en el mundo (concentración de la riqueza, crecimiento del complejo industrial militar, segregación racial y sexual, persecución ideológica, engaños masivos por parte de Estados y empresas, degradación ambiental, cambio climático, hambre, etcétera) exige responsabilidad y racionalidad por parte de quienes procuramos un mundo mejor para nosotros y la posteridad. Mi consejo es que es más eficaz enfocar la energía que se utiliza en criticar a los transgénicos en pedir más transparencia por parte de las empresas, más apoyo del Estado a los pequeños productores, más y mejor redistribución de los alimentos (la causa primaria del hambre, ya que la técnica de modificación genética incrementa la producción mas no la distribución), promoción de los transgénicos para mitigar el eco genocidio que estamos llevando a cabo actualmente y en criticar las brutales ineficiencias del sistema antes que combatir sus productos loables. A fin de cuentas, la ciencia y la técnica son los motores de cualquier sociedad que digne a llamarse a si misma moderna.

Necesitamos menos ideología y más cambios racionales basados en evidencia. Por lo tanto, ¡Yo sí quiero transgénicos!

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