Bónus #3 de “El Efecto de Desentrañar el Universo Desde Dentro”: La Simulación [Artículo original de UF]

Damos paso al tercer capítulo de la segunda temporada de la serie y último episodio en general de El Efecto de Desentrañar el Universo Desde Dentro, que, si no has leído, recomendamos que lo hagas ya mismo en el siguiente orden: la primera temporada, el bónus #1, el bónus #2, y ahora, el artículo que nos ocupa.

Sin duda se trata del caso más polémico que suscitará innumerables dudas y carcomerá la intuición de la mayoría de nuestros lectores, así que os pedimos que penséis con la mente fría y tratéis de visualizar por qué, desde el punto de vista matemático, lo que vamos a proponer no es sólo es plausible, sino que es por mucho lo más probable.

Hace tiempo hablábamos ya acerca de la posibilidad de que nuestro universo sea una “simulación informática” dentro de otro universo cuyas propiedades escaparían completamente a nuestra percepción. A pesar de que esto no es ciencia pura debido a la carencia absoluta de potencial empirismo, existe una rama entera del pensamiento que se inclina a creer que la realidad es justo esa. Y aunque existen varios indicadores de que podría estar en lo correcto, como las propiedades de la Mecánica Cuántica, nos centraremos sólo en el que nos parece el más poderoso, y el que tiene directamente que ver con la serie.

Actualmente nuestra civilización es capaz de realizar simulaciones que dejarían atónita a la más visionaria de las personas de hace tan sólo unas cuantas décadas. Esta es básicamente la única prueba o herramienta que necesitaremos para afirmar que nuestro universo podría ser, al igual que el de los videojuegos expuestos, una simulación computarizada. Y no sólo que podría ser, sino que debido a que podría ser, lo más probable es que lo sea.

Pensad en lo siguiente:

-Sólo hay dos opciones, o nuestro universo es ‘natural’, o es ‘simulado’. En el primer caso nos referimos a que surgió sin la intervención de ninguna entidad inteligente, y en el segundo a lo contrario (por ejemplo, los universos de Grand Theft Auto V y de Watch Dogs, creados por nosotros – mundos orgánicos que funcionan con sus propias series de reglas que, en esos casos, intentan emular las que rigen a lo que nosotros llamamos “realidad”).

-Es absolutamente pertinente que exista al menos un universo natural del que se hayan desarrollado todos los demás hipotéticos universos simulados. Sin embargo, está claro que simular universos es posible, pues habitamos uno en que lo es. Afortunadamente esto es más fácil de matizar gracias al sorprendente trabajo que algunas desarrolladoras de videojuegos han logrado en la actualidad, algo de lo que nos serviremos continuamente para hacer analogías con las que se facilite la comprensión de la teoría que tratamos de enunciar. Por supuesto, el hecho de que en nuestro universo se puedan simular universos no es de ninguna manera una demostración de que el nuestro es el natural, pues se sobreentiende que dentro de cada universo, sea simulado o no, es posible que sea posible (sin redundancia) simular otro, evidentemente más pequeño que el matricial. Por ejemplo, en GTAV se supone que existen “videojuegos ficticios” dentro de él.

-Antes de pasar a enunciar la teoría, os quiero explicar por qué no sólo no es descabellada, y no sólo es muy factible, sino que incluso llega a ser lo más probable: imaginen que sabemos de buena fuente que nuestro universo es natural. Sabemos, no obstante, que podemos simular otros universos. Y la cantidad de ellos que podemos hacer es ciertamente superior a uno (y si bien cada uno de ellos sería de complejidad necesariamente menor al nuestro, eso no es relevante). En unos momentos volveremos a este punto, ¡así que estad atentos!

-Imaginen un hipotético GTA X en el que la inteligencia artificial de los PNJ (personajes no jugables) ha alcanzado un grado de complejidad que les permite alcanzar la conciencia de sí mismos y les concede una inteligencia equiparable a la de los humanos reales. Esto no es sólo técnicamente posible, sino que increíblemente, si lo pensáis bien, parece más que inminente que llegaremos a ese punto tarde o temprano – quizás más temprano que tarde, en tan sólo unas décadas. Dichos seres estarían confinados a un mundo en el que quizás sería posible (para ellos, los científicos virtuales de la décima entrega numerada de la serie) simular otros universos, utilizando sus propios medios. Toma por instancia esto: la población del juego podría experimentar con todos sus sentidos un universo diseñado, a partir de líneas de código en el nuestro, completamente “real” para ellos. Los infortunados peatones sentirían dolor al ser atropellados por el jugador. Los automovilistas tendrían sus destinos planeados. Cualquier individuo del juego tendría sus propias aspiraciones, deseos, motivaciones, romances, e incluso una historia. Los más avispados podrían reflexionar sobre su propia existencia y preguntarse: ¿por qué estoy aquí? ¿qué significa el mundo? ¿alguien me creó? Y probablemente algunos de ellos se hagan la misma pregunta que tal vez algunos lectores se estén haciendo con respecto al nuestro: ¿cómo alguien puede simular un universo más grande que todo lo que conozco que existe? “No creo que pertenezcamos a una simulación, porque dentro de nuestro mundo es imposible concebir algo análogo de similar magnitud”. La respuesta es bien simple: precisamente todo lo que conoces que existe, es decir, el universo en su totalidad, es lo único que puedes conocer, pero es extremadamente ingenuo hacer suposiciones acerca de cómo debería ser la existencia más allá de lo que podemos apreciar, dentro de nuestro microcosmos. Para empezar, el cosmos de allá fuera sería necesariamente más grande. Y no importa cuán grande, complejo o difícil de programar nos parezca nuestro propio universo, pues lo estás viendo desde dentro, y lo estás comparando con cosas y atributos que existen forzosamente dentro y que muy probablemente no apliquen para “el universo de afuera”, uno que nos puede ser imposible de imaginar por un cúmulo de motivos.

Y luego está la segunda aplicación del Efecto de Desentrañar el Universo Desde Dentro. Una que, como siempre, es muy simple, pero aún así tiene implicaciones extremadamente fuertes. Mencionábamos antes que era completamente necesario que existiese al menos un universo natural, y lo reafirmamos. Pero no sólo eso, sino que ese universo natural, al que llamaremos “universo madre” forzosamente tiene que albergar ciertas características que hagan que la vida evolucione prósperamente, alcanzando un grado de inteligencia que les permita desarrollar tecnología para simular otros universos. Eso debería estar ya muy claro, pero por si acaso, explicaré el motivo: si no existiese un universo del que puedan surgir criaturas inteligentes, y por lo tanto otros universos, no habría ningún tipo de vida que estuviera escribiendo lo que estoy escribiendo. Y tenemos de ejemplo nuestro propio universo para saber a ciencia cierta que la formación de vida inteligente puede implicar la simulación de otros universos. Así que reduzcamos el caso y pensemos en todas las posibilidades:

-Existe un universo natural y es el nuestro. Sabemos, eso sí que podemos simular más universos dentro del nuestro, así que la cantidad de universos simulados, en el futuro, será disparatadamente mayor. Conclusión: existen más universos simulados que naturales.

-Existe un universo natural que dio origen al nuestro, que es simulado. También podría haber dado origen a incontables de otros universos, los cuales a su vez, dependiendo de su estructura, podrían dar origen a otros universos más pequeños, como es el caso de nuestros juegos en nuestro universo. Conclusión: existen más universos simulados que naturales.

*Aquí es importante hacer una pequeña acotación*. En el supuesto de que exista más de un universo natural, estamos despreciando a todos aquellos que no tienen la capacidad de albergar vida inteligente, porque en la práctica es como si no existieran. (Nuevamente un caso 100 a 0 del Efecto de Desentrañar el Universo Desde Dentro: si no hay nadie que se pueda preguntar lo que nos estamos preguntando es totalmente ignorable).

-Existen 100 universos naturales. Digamos que en promedio cada uno de ellos pueden dar a luz a otros 100 universos. En total hay 10.100 universos, 10.000 de los cuales son simulados. La conclusión vuelve a ser la de siempre: hay más universos simulados que naturales.

-Existe 1.000.000 de universos naturales. Mismo caso que el anterior. Hay un millón de universos naturales, pero probablemente existan centenares de millones de simulados. Hay más universos simulados que naturales.

-Existen infinitos universos naturales. Este es el caso más peliagudo, y en particular el que más me disgusta (¡está claro que si no somos partidiarios de un universo infinito menos lo seremos acerca de un infinito número de ellos!). Pero aún así es posible abordarlo con cierto grado de satisfacción, así que eso haremos. Básicamente, y aunque va en contra de las teorías matemáticas actuales, se puede aplicar el mismo razonamiento que en los casos anteriores. Por cada universo natural es casi seguro que existan muchos más simulados. Ponemos “casi seguro” porque podría darse el caso de que en un universo natural sea imposible simular otros universos, a pesar de que sí puedan sustentar vida inteligente. Por fortuna el único caso que tenemos de muestra es un universo donde es posible tanto la vida compleja como la simulación de otros universos, y eso nos basta, así que vamos a dar por sentado que ambas cosas suelen ir de la mano. Además, si el nuestro es uno que cumple con esa característica, ¿no es prudente asumir que provenimos de uno que también la cumple, así como los científicos y desarrolladores virtuales del GTA X estaban creando juegos dentro de un juego? Por si eso no bastara, la verdad es que no nos acongoja. Podemos aumentar a 1.000, 10.000 o aún más el número de universos simulados que pueden haber por cada “universo madre” propenso de crearlos, lo cual no es muy disparatado. (Por supuesto, son todo especulaciones, pero basadas en la mejor de las lógicas de las que disponemos). De esa forma, no importa que la proporción de universos naturales que tienen la capacidad de engendrar simulaciones sea muy baja, seguirá habiendo, una vez más, mayor cantidad de universos simulados que de universos reales. Y sí, estamos diciendo que el infinito de universos simulados es más grande que el infinito de universos naturales. Efectivamente existen distintos tipos de infinito, y aunque para lo que estamos hablando ambos serían infinitos lineales matemáticamente idénticos, vamos a ir un poco en contra de eso y decir que un grupo es más grande que el otro. (¡Lo siento, matemáticos! Pero mi blog se basa en lo chocante que resultan algunas ideas que se desprenden del concepto de infinito, y cuando no las resolvemos diciendo que no existe lo hacemos yendo en contra del consenso académico pero a favor de la a veces desestimada intuición… La discusión de parte de ustedes es muy bienvenida). En conclusión, nuevamente hay más universos simulados que universos naturales.

¡Ah! Pero si entendiste mínimamente la primera temporada del efecto ya sabes por dónde van los tiros. Pongamos el segundo caso y nuevamente presumamos que se trata de la realidad (que conocemos por algún motivo ulterior que escapa a cualquier explicación – y es que lo mismo aplicaría para todos los casos que se nos han ocurrido pensando desde la lógica, así que da igual). De los 10,100 universos, el 99% son simulados y sólo el 1% restante son naturales. Así pues, es mucho más probable que estemos en el grupo de los simulados que en el de los naturales, sencillamente porque hay más. Entonces un observador cualquiera en alguno de los universos al azar puede afirmar: “mi universo es simulado”, y tiene un 99% de probabilidades de acertar. Por supuesto, la proporción que hemos sugerido es totalmente arbitraria, así que no tiene sentido enunciar esa afirmación y pretender que sea ajustable a la realidad, pero lo que queremos que os deis cuenta es que la verdad de las cosas, según lo que hemos razonado hasta ahora, se inclina más hacia la opción de que nuestro universo sea simulado que a la de que sea natural. Qué tan más depende de cómo interpretéis lo que hemos dicho, pero yo diría que bastante más.

¿Qué significa que vivamos en una simulación, entonces?

Las respuestas son tan variopintas que podría no haber mucha distinción a si viviéramos en un universo natural.

Por ejemplo, podría tratarse de una simulación entera desde el nacimiento de un universo. De esta manera no estaríamos muy alejados de la clásica concepción de que el universo se formó en una gran explosión que dio lugar a toda la energía, que pronto se convertiría en materia, que con el tiempo adquiriría propiedades cada vez más intrincadas y permitiría el nacimiento de la vida, que también iría ganando complejidad hasta formar entidades conscientes que terminarían por desarrollar civilizaciones y tecnología. Puede que nuestros creadores hayan intervenido en momentos puntuales para propiciar tales acontecimientos, pero también podría ser que ni siquiera hayan hecho eso. Es tentador pensar que no existe nadie del otro lado de la cortina, que nuestro cosmos no es más que el resultado de eventos fortuitos del que ningún ser consiente es responsable, pero ¿acaso no visteis los vídeos a los que enlacé? Si nosotros podemos hacer eso, ¿por qué desdeñar la idea de que alguien más podría ya haberlo hecho con nosotros? Y muy probablemente nuestro universo sea un intento de réplica del de fuera, tal como los mundos de los videojuegos que mencioné. En ese caso estaríamos viviendo ya en una era post-tecnológica en el que “los otros humanos”, los humanoides de la civilización de fuera, ya han alcanzado la etapa de singularidad tecnológica que en nuestra simulación aún faltan unas cuantos lustros para alcanzar. Podríamos ser fruto de nosotros mismos. O, en palabras menos poéticas y para que se entienda mejor, podríamos ser Los Sims de una civilización parecida a la nuestra que existía antes de que nuestro universo fuese creado y que nos sigue teniendo en ventaja, pero no por mucho. El futuro ha llegado, para ellos, y estamos viviendo en su futuro, un futuro que se antoja similar para nosotros, y que gracias a ello podemos vislumbrarlo. Algo así como si un personaje de GTA X se diera cuenta de que vive en una simulación gracias a que ellos mismos podrán hacer simulaciones. Pero también podría ser algo radicalmente distinto.

Hasta ahora hemos utilizado a los videojuegos como meras analogías, y lo seguiremos haciendo, pues en un videojuego la simulación del entorno no ocurre sino hasta que está siendo requerida por el jugador, que se trata de un usuario que usualmente tiene una posición privilegiada. Si nos encontrásemos en una simulación, creemos que lo más probable es que no fuese un videojuego, sino una simulación completa y sin posiciones privilegiadas. Algo de difícil discernimiento con una no-simulación. Aunque si nos atenemos a las rarezas de la Cuántica, quizás sí haya un paralelismo más evidente con los videojuegos; tal vez vivamos en una comunidad “Online” en la que cada ser vivo es un jugador. Por si eso no te suena suficientemente loco, también creemos que es posible que la teoría de la Tierra de 5 minutos propuesta por el brillante Bertrand Russel no sea sólo un experimento mental sin utilidad alguna más allá de que es una interesantísima reflexión filosófica, sino que podría ser que de verdad, el universo que conocemos, en su totalidad, no tenga más que unos pocos años de antigüedad. Así como las compañías que desarrollan videojuegos no esperan a que sus mundos se pueblen solos, podría ser que casi todo lo que vemos y damos por hecho haya sido puesto de antemano por nuestros creadores. En otras palabras; ningún humano construyó el puente de Brooklyn, lo hicieron nuestros creadores; no hubo evolución, la fingieron nuestros creadores; Bertrand Russel no existió, es un invento de nuestros creadores; tú no naciste, sino que te crearon nacido; tú no tuviste infancia, sino que tus recuerdos, y los de toda la gente, así como toda la historia manifiesta, son falsos, puestos ahí a propósito por nuestros creadores para dar la ilusión de habitamos un mundo coherente. ¿Difícil de creer? Es de alucine pensar que realmente PODRÍA ser el caso y es imposible demostrar lo contrario. Pero más allá de su nula practicidad y de lo estúpida que pueda resonar la idea en nuestras cabezas, haciéndonos creer que es tan poco probable que roza lo imposible, ¿por qué descartarla tan a la ligera si tenemos de ejemplo mundos en los que eso sucede casi tal cual lo he descrito? Y en el futuro le quitaremos el “casi”. Pero en vista de que todavía no llega ese día, me seguiré valiendo de los mejores ejemplos que tenemos hoy en día: Watch Dogs y GTAV. Os invito a tomar el primero (ver el vídeo si no sabes de lo que hablo) e imaginarse que todos los habitantes de la Chicago virtual tienen mucho más que una inteligencia artificial que les hace repetir frases preestablecidas y quitarse de en medio cuando están a punto de ser arrollados, y en lugar de eso conversan igualmente y se siguen protegiendo el pellejo pero gracias a una serie de reglas más complicadas que les otorgan inclusive la conciencia.  ¿Qué pensaría aquel sujeto de allá que tiene cáncer en remisión? ¿Irá al trabajo o a una consulta con el médico? Pero más importante aún, ¿qué pensará del mundo que le rodea? Seguramente piense y tenga todos los recuerdos acerca de cómo adquirió el cáncer. También cree saber que por ejemplo, la torre Willis fue construida en los años 70s y antes se llamaba Sears. ¡Él mismo asistió a su inaguración! Por supuesto, nosotros sabemos que la torre nunca se llamó Sears (dentro del juego), y que fue construida enteramente por la compañía desarolladora, no por obreros virtuales. También sabemos que por lo tanto no hubo tal inauguración y que el pobre hombre fue hecho, ya de edad avanzada, y ya con la enfermedad. Sus recuerdos, absolutamente falsos, fueron implantados sólo para dar sentido al mundo del juego. Lo fascinante de esta cuestión es que un caso es indiferenciable del otro, ¡piensa en eso! Y ya que estamos, llevemos el caso al extremo: ¿qué tal si el universo tiene sólo 1 minuto de antigüedad? Eso significaría que yo nunca escribí este artículo. Ni siquiera tú lo leíste. Tienes el recuerdo de haberlo hecho, pero no es real. ¿Qué pasa si reducimos aún más el tiempo de origen? Podría tener sólo un segundo de existencia y no habría manera de que nos diéramos cuenta. ¿Qué tanto podemos reducirlo? ¿Cuánto dura el presente? Si es que esa pregunta tiene sentido. Os dejamos pensando… al menos eso espero.

Este artículo tiene mucha más chicha de la que he escrito, así que esperamos que en un futuro no muy lejano podamos escudriñar aún más en el tema, y, ya sabéis, podéis comentar libremente sobre cualquier ocurrencia que tenga que ver con el texto y la voy a responder.

Este es el fin de El Efecto de Desentrañar el Universo Desde Dentro, que he escrito para todos con mucho cariño. ¡Espero que hayáis disfrutado!

-Travis Marston (Redactor Senior)

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